El síndrome del “yo” en el mundo del transporte

Hay una especie bastante común en el ecosistema transitario: el yoísta. Se le reconoce fácil. Empieza cada frase con un “mi”: mi cliente, mi booking, mi agente, mi oficina en Shanghai… Curioso, porque nunca dice mi error o mi retraso, por ejemplo.

El yoísta es ese que, aunque trabaje en una multinacional con 200 sucursales, se comporta como si él hubiera fundado el holding desde el garaje de su casa. “Yo manejo esa cuenta”, dice, mientras en realidad solo reenvía correos que ya vienen con copia a medio mundo.


Negocio de equipo, ego individual

En logística nada se hace solo. Nada. Ni el más genio de los transitarios puede sacar una exportación sin el de documentación, sin el del almacén, sin el del camión, sin el de destino. El problema es que el “mi” se disfraza de compromiso, pero en realidad es puro ego. Porque el que dice mi cliente no está hablando de responsabilidad. Está reclamando propiedad. Y eso en este negocio es tan ridículo como decir mi barco porque hiciste el booking.


Lo correcto (y lo que suena menos patético)

Hablar en plural no es solo educación corporativa, es sentido común. Nuestro cliente. Nuestra oficina. Nuestro equipo. Esa palabra, “nuestro”, tiene algo que el “mi” nunca tendrá: reconocimiento de los demás. Y cuando un cliente escucha “nuestro”, entiende que detrás de ti hay gente, procesos, coordinación. No un transitario iluminado que se cree omnipresente en tres husos horarios.



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