El otro forwarder

Ese ser mitológico que siempre lo hace mejor

Hay criaturas legendarias: el Yeti, el monstruo del Lago Ness y el otro forwarder.
Ese ente que “te da mejores precios”, “no cobra VGM”, “responde en dos minutos” y, por supuesto, “te deja pagar cuando te venga bien”.
El otro forwarder no duerme, no se equivoca y tiene línea directa con el capitán del buque y el piloto del avión.
Tú no sabes cómo lo hace, pero lo hace.

Hasta que no lo hace.

Porque cuando el contenedor se queda bloqueado en aduana, el avión no embarca o el crédito de 120 días se transforma en una factura impagada, el otro forwarder también tiene algo mágico: desaparece.

El síndrome del “otro forwarder”

Cada transitario lo ha escuchado.
Ese momento en que el cliente menciona al “otro forwarder” con la devoción de quien habla de un mesías logístico.
“Es que el otro forwarder me cobra menos.”
Y tú, con el Excel abierto o calculadora a la mano, intentando entender cómo alguien puede mover 10 toneladas de Shanghái a Madrid por menos que un menú del día.

Obviamente no se puede. Pero decirlo parece que le da gustito al cliente.

La fe mueve contenedores (a veces)

El problema no es el otro forwarder.
El problema es la fe ciega en lo que no se ve.
Creer que todos los servicios son iguales porque el precio tiene menos dígitos es como pensar que todos los jamones son ibéricos porque son de cerdo.
La logística no es religión, pero a veces parece una secta: la del forwarder milagroso.

No hay forwarder perfecto.

Todos tenemos retrasos, contratiempos y clientes que juran que “nunca más”.
Pero mientras tú estás ahí, gestionando incidencias y dando la cara, el otro forwarder sigue flotando en su nube de promesas incumplidas.

Venga va, dime aquí en comentarios que le ha prometido «el otro forwarder» a tu cliente.


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